Explicación científica de las adicciones al juego

Todo el ocio moderno de hoy en día basado en la tecnología,  bien sea las tragaperras, los videojuegos o las apuestas online basan su éxito y su capacidad de enganche en un fenómeno conocido como el refuerzo variable intermitente.

Este fenómeno se conoce desde hace bastante tiempo y fue descubierto por el psicólogo conductista B.F Skinner mientras realizaba una serie de experimentos sobre como los premios y los castigos influyen sobre nuestro comportamiento.

Skinner realizó pruebas que estudiaban el comportamiento de un grupo de ratones que eran recompensados con porciones de comida cada vez que apretaban una palanca.  Si esta recompensa se daba de forma constante, es decir, cada vez que el ratón pulsa la palanca su hambre es saciada. El ratón reacciona acudiendo sólo a la palanca cuando tiene hambre y deambulando por el  laberinto el tiempo restante.

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En cambio si hacemos que la palanca proporcione comida sólo en algunas ocasiones el ratón permanece todo el tiempo junto a la palanca, apretándola constantemente esté saciado o no.

Como veréis es fácil extrapolar este fenómeno a cualquier juego de azar que recompense aleatoriamente a sus jugadores. En este caso con dinero en vez de con comida. En  los jugadores que padecen ludopatía este juego de instintos primarios se activa y no son capaces de separarse de las pantallas de las máquinas y continúan metiendo dinero una y otra vez (o apretando la palanca) en espera de que se les de su recompensa aunque no la necesiten.

Este efecto de recompensa variable = enganche es el mismo que de forma más suave nos hace revisar nuestro correo electrónico una y otra vez en busca de mensajes, actualizar nuestra página de facebook o revisar nuestro móvil por si hay llamadas o mensajes.

El cerebro entiende estas acciones tecnológicas como pequeñas recompensas emocionales y cada vez que recibimos una llamada o vemos una noticia nueva en nuestro blog favorito nuestro cerebro recibe un pequeño chute de endorfinas que eleva nuestros niveles de felicidad.

Al funcionar de forma variable este proceso hace que ciertas personas que no son capaces de razonar lo absurdo de la situación permanezcan constantemente conectadas y pegadas a las pantallas de sus dispositivos móviles, como ratones electrónicos esperando su recompensa.

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